Identicidio: destrucción institucional de la identidad natal
Identicidio es un neologismo acuñado por Olmo Gómez Aldaz para nombrar una forma específica de violencia estructural: la destrucción deliberada o institucionalmente legitimada de la identidad natal de una persona.
El texto sitúa la adopción como paradigma institucional del identicidio: un sistema que borra la filiación, el origen, la genealogía, el nombre, la memoria y la verdad biológica, sustituyéndolos por una identidad fabricada y legitimada por documentos, registros y discursos de protección.
Nombrar el identicidio permite reconocer esta violencia como una categoría específica de daño y como una frontera moral: ningún sistema comprometido con la verdad y la justicia puede fundarse sobre la falsificación del origen.
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Esta página forma parte de la línea de trabajo Undoing Adoption, dedicada a desmontar la adopción como institución de sustitución, borrado de origen, violencia identitaria y destrucción documental de la filiación.
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Identicidio nombra la destrucción institucional de la identidad natal. Debe leerse junto con los otros textos críticos de la misma línea:
En esta página
- Qué es el identicidio
- Por qué era necesario nombrarlo
- Identidad natal, filiación y verdad de origen
- La adopción como escenario del identicidio
- Manifestaciones del identicidio
- El identicidio como violencia estructural
- Documentos, registros y ficción jurídica
- Memoria, genealogía y restitución
- Un concepto para ampliar el lenguaje de los derechos humanos
- Conceptos clave
- Estructura del texto
- Publicación, versiones y registros
- Acceso a la publicación
- Cita recomendada
Qué es el identicidio
El identicidio designa el proceso mediante el cual una persona es despojada de su identidad natal —su genealogía, su nombre, su linaje y su verdad de origen— y reemplazada por una identidad fabricada.
A diferencia de la desaparición física, el identicidio actúa sobre la existencia simbólica. No mata el cuerpo, pero destruye la coherencia biográfica de la persona, su continuidad entre origen, memoria, filiación e identidad.
En el ámbito de la adopción, el identicidio se produce cuando la verdad de origen es suprimida, sustituida o falsificada mediante mecanismos legales, religiosos, familiares, registrales o sociales.
Por qué era necesario nombrarlo
El término identicidio surge de una necesidad: nombrar una violencia que existía, pero que carecía de palabra. Durante décadas, la adopción moderna y otras formas institucionales de sustitución identitaria se han presentado bajo discursos de protección, caridad o amor.
Sin embargo, bajo esos discursos se ejecutaba una operación sistemática de destrucción: el borrado del origen. Nombrar esa violencia no es un gesto retórico, sino un acto político.
Darle nombre permite romper el consenso que convierte la mentira en ley, la falsificación en parentesco y la desposesión en virtud.
Identicidio no es solo una palabra nueva. Es una herramienta conceptual para señalar que la identidad no es un adorno psicológico, sino un derecho ontológico.
Identidad natal, filiación y verdad de origen
La identidad natal está enraizada en la genealogía, el nombre, la filiación, el origen y la verdad biológica. No se reduce a un dato administrativo ni a una preferencia subjetiva.
El identicidio actúa precisamente sobre ese núcleo. Rompe el vínculo entre el ser y su origen, sustituye la genealogía real por una ficticia y normaliza socialmente ese reemplazo.
El daño que produce no es únicamente psicológico. Es biográfico, jurídico, simbólico y ontológico. La persona queda obligada a habitar una historia que no corresponde a su verdad de origen.
En ese sentido, la filiación no es un accesorio legal. Es una estructura básica de reconocimiento, memoria y existencia.
La adopción como escenario del identicidio
La adopción moderna constituye el espacio donde el identicidio alcanza su forma institucional más estable. No se trata de un accidente ni de una desviación dentro del sistema, sino de un dispositivo jurídico y moral diseñado para legitimar la sustitución de la filiación.
A través de la adopción, el Estado, la Iglesia y la familia han podido articular una maquinaria que convierte la falsificación del origen en un acto de bien social.
La adopción no se limita a establecer una relación de cuidado. Produce una identidad nueva, desligada del linaje y de la memoria. La emisión de una nueva partida de nacimiento no solo borra la genealogía anterior: inscribe en los registros del Estado una mentira ontológica naturalizada como verdad.
Nombrar la adopción como escenario del identicidio no significa negar la existencia de afectos. Significa reconocer que el afecto ha sido instrumentalizado para justificar la supresión del origen.
Manifestaciones del identicidio
El identicidio no se manifiesta como un hecho único ni puntual, sino como un proceso continuo de desposesión.
Aparece en los documentos, en los registros, en las biografías reescritas, en los silencios familiares, en las partidas de nacimiento sustituidas, en la desaparición de expedientes y en cada instancia donde la verdad del origen es negada, relativizada o convertida en irrelevante.
En el terreno de la filiación, el identicidio sustituye la verdad por la narrativa. La persona adoptada aprende a reconocerse dentro de una ficción impuesta desde el poder.
En esa ficción, la memoria deja de ser un espacio de verdad para convertirse en un dispositivo de obediencia. La identidad, en lugar de ser un proceso de autoconocimiento, se transforma en adaptación a la mentira institucional.
El identicidio como violencia estructural
El identicidio no es un error del sistema: es una de sus condiciones de funcionamiento. Su eficacia radica en que no requiere represión visible ni fuerza coercitiva.
Opera a través de la ley, del discurso moral, de la burocracia, de los documentos, de los archivos y de las formas socialmente aceptadas de parentesco.
Es una violencia estructural porque está incorporada a las formas mismas de organización social, jurídica y simbólica. Se ejerce con apariencia de normalidad.
Su raíz está en la creencia de que la identidad puede ser administrada por la autoridad y que el origen puede ser sustituido en nombre del bien. Esa creencia convierte la verdad en propiedad y la filiación en instrumento.
Documentos, registros y ficción jurídica
El identicidio actúa de forma privilegiada a través de documentos. No necesita destruir físicamente a la persona, porque le basta con sustituir su inscripción simbólica y jurídica en el mundo.
Una partida de nacimiento nueva, una filiación registral falsa, un expediente desaparecido o una genealogía legalmente fabricada pueden producir una forma de desaparición civil.
La violencia no reside solo en la falsedad inicial, sino en su estabilización como verdad pública. El documento convierte la ficción en realidad administrativa y obliga a la persona a vivir dentro de una identidad que no le pertenece.
Por eso el identicidio no es solo un daño privado. Es una violencia inscrita en registros, instituciones y sistemas de reconocimiento social.
Memoria, genealogía y restitución
El identicidio afecta también a la memoria colectiva. Cuando una sociedad normaliza el borrado del origen, renuncia a la verdad como principio común.
La restitución, por tanto, no es solo un acto individual. Recuperar la verdad del origen es también restaurar la memoria de lo humano.
La genealogía no es una curiosidad privada. Es una forma de continuidad, pertenencia y memoria. Borrarla implica quebrar la relación entre pasado, presente y futuro.
Nombrar el identicidio y reconocer sus manifestaciones es el primer paso hacia una reparación que no puede limitarse a lo psicológico ni a lo administrativo: debe ser también histórica, jurídica, política y simbólica.
Un concepto para ampliar el lenguaje de los derechos humanos
El concepto de identicidio amplía el vocabulario crítico de los derechos humanos, los estudios sobre identidad, el pensamiento decolonial y la crítica abolicionista de la adopción.
Permite vincular el borrado identitario con historias más amplias de dominación, desaparición, sustitución cultural y desposesión.
En diálogo con conceptos como genocidio, etnocidio o desaparición forzada, el identicidio desplaza la atención desde la eliminación física hacia la supresión simbólica de la identidad.
Su fuerza reside en afirmar que destruir la identidad natal de una persona es una forma de violencia estructural que debe ser nombrada, reconocida, reparada y abolida.
Conceptos clave
- Identicidio.
- Identidad natal.
- Filiación.
- Origen.
- Genealogía.
- Memoria.
- Verdad biológica.
- Borrado identitario.
- Falsificación documental.
- Adopción.
- Violencia estructural.
- Desaparición civil.
- Restitución.
- Abolicionismo.
Estructura del texto
El artículo está organizado como una propuesta conceptual y política. Parte de la necesidad de nombrar una violencia que carecía de palabra: la destrucción institucional de la identidad natal.
Después desarrolla el marco conceptual del identicidio, define el término, sitúa la adopción como su escenario institucional paradigmático, analiza sus manifestaciones en la verdad, la filiación y la memoria, y lo formula como una forma de violencia estructural.
La conclusión plantea que nombrar el identicidio es romper el silencio que lo ha hecho posible y abrir una nueva dimensión de memoria, justicia y restitución.
Publicación, versiones y registros
Acceso a la publicación
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Cita recomendada
Gómez Aldaz, Olmo. Identicidio (Adopción): un neologismo para nombrar la destrucción institucional de la identidad natal. 2025. Zenodo. DOI: 10.5281/zenodo.17457498.